En su libro titulado “Camino de la Esperanza”, el Cardenal Vietnamita Nguyen Van Thuan nos dejó este testimonio, que es una verdadera campanada de advertencia:
“Un día hablé con el Padre Provincial de una gran congregación sobre la crisis del sacerdocio y las vocaciones religiosas. El me dijo que habían enviado una carta a todos los hermanos que habían dejado el sacerdocio para preguntarles por qué lo habían hecho. Todos contestaron. Y sus respuestas revelan que no se habían ido por problemas sentimentales, sino porque no oraban. Algunos dijeron que habían dejado de rezar hacía muchos años.
“La oración es la fundamentación de la vida espiritual” -Cardenal Nguyen Van Thuan-
“Muchas vocaciones están en crisis, no se realizarán. Muchas familias sufren dificultades, se separarán y se pelearán. Mucha gente pierde el gusto por la vida y el trabajo, están descontentos y vacíos. Y todo esto porque se ha abandonado la oración” (Beata Teresa de Calcuta).
“Todo se renueva en la oración, tanto los individuos como las comunidades. Surgen nuevos objetivos e ideales” (Juan Pablo II).
Son tan detallados los capítulos que el Catecismo de la Iglesia Católica dedica a la oración, que trae hasta consejos prácticos para la oración y trata también los errores en que pueden caer los orantes.
La oración es la llave que abre nuestro corazón y nuestra alma al Espíritu Santo; es decir, a su acción de transformación en nosotros. Al orar, permitimos a Dios actuar en nuestra alma -en nuestro entendimiento y nuestra voluntad- para ir adaptando nuestro ser a su Divina Voluntad. (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica)
La oración nos va descubriendo el misterio de la Voluntad de Dios. (cfr. Ef.1, 9)
La oración va conformando nuestro ser a esa forma de ser y de pensar divinas: nos va haciendo ver las cosas y los hechos como Dios los ve. Ver el mundo con los ojos de Dios.En el silencio Dios se comunica mejor al alma y el alma puede mejor captar a Dios. En el silencio el alma se encuentra con su Dios y se deja amar por El y puede amarle a El.
En el silencio el alma se deja transformar por Dios, Quien va haciendo en ella Su obra de "Alfarero", moldeándola de acuerdo a Su Voluntad (cfr.Jer.18,1-6).
La oración nos va haciendo conformar nuestra vida a los planes que Dios tiene para nuestra existencia.La oración nos va haciendo cada vez más "imagen de Dios", nos va haciendo más semejantes a Cristo.
La oración nos va revelando la verdad, sobre todo la verdad sobre nosotros mismos: nos muestra cómo somos realmente, cómo somos a los ojos de Dios. Los seres humanos solemos tener una máscara hacia fuera, hacia los demás, mostramos lo que no somos. Hacia adentro, hacia nosotros mismos, solemos engañarnos y creemos lo que no somos. Sólo en la oración descubrimos la verdad sobre nosotros mismos: "Dios nos enseña cómo somos realmente, cómo nos ve El."
La oración nos abre los ojos para comprender las Escrituras, internalizarlas y hacerlas vida en nosotros. Nos cura del “síndrome de Emaús”.
En el silencio de la oración nos encontramos con Dios y nos reconocemos sus creaturas, dependientes de Él, nuestro Padre y Creador, nuestro principio y fin.
En el silencio de la oración somos como ramas de la Vid que es el Señor, porque nos nutrimos de la savia misteriosa que son las gracias que necesitamos y que Dios nos da, especialmente en esos ratos de oración.




